Desde el 31 de marzo de 2021 hasta el 27 de septiembre se
puede visitar esta exposición en el Museo Reina Sofía, de Madrid. Se trata de
una iniciativa del propio museo español, del Ministerio de Cultura y Deporte
del Gobierno de España y Fundación Nacional de Museos del Reino de Marruecos.
Ha contado con la colaboración de: Mathaf: Arab Museum of Modern Art de Qatar
Museums y Qatar Foundation. Sus comisarios son Manuel Borja-Villel y Abdellah Karroum. Con el
apoyo de: Fundación Almayuda.
Se trata de un diálogo visual que abarca la producción
artística en tres momentos históricos del país vecino, desde la independencia
hasta el presente: la transición de la independencia (1950-1969), los denominados “años
de plomo” (1970-1999) y la actualidad (2000-2020). Se centra
principalmente en tres núcleos urbanos: Tetuán, Casablanca y Tánger-Azilah.
Tras cuarenta años de protectorado francés y español, el
primer periodo abarca una fase extremadamente agitada, que se extiende desde
los años de la independencia hasta 1969, durante la cual el campo artístico se
articula en torno a los debates suscitados por la aparición de la corriente
nacionalista y la necesidad de construir un discurso identitario. Estos dos aspectos
constituirán el trasfondo conceptual de la modernidad artística marroquí
durante las décadas de 1960 y 1970. El planteamiento de estos artistas
consistía en cuestionar el academicismo artístico tradicional transmitido a
través de la enseñanza del arte en Marruecos.


Después de estudiar y formarse en las principales capitales
artísticas del mundo, principalmente en París y Madrid, la primera generación
de artistas marroquíes se impregnó de los debates teóricos entonces en boga a
escala internacional. Posteriormente adoptaron la abstracción como modo de
expresión adecuado para dar cabida a sus reivindicaciones nacionales y a sus
ansias identitarias.

De este modo, muchos artistas que habían iniciado su andadura
en las escuelas de arte locales consumaron una ruptura radical con el acervo
académico adquirido durante su formación en Marruecos para proseguir sus
estudios en Europa, principalmente en París y Madrid (Real Academia de Bellas
Artes de San Fernando), Italia y Estados Unidos. Amrani, por ejemplo, durante
sus estudios en España, pasaba horas en el Museo del Prado donde estudió las
obras de Goya y de Velázquez y acabó desarrollando una expresividad que debe
mucho a la influencia del pintor aragonés, como se observa en Protesta (1969) Tras su regreso a
Marruecos, artistas como Mohamed Melehi, Mohamed Chabâa junto a Farid Belkahia,
Mohamed Hamidi, Mohamed Ataallah y Mustapha Hafid transformaron profundamente
la educación artística marroquí en la Escuela de Bellas Artes de Casablanca,
que poco después impulsó la apertura a la modernidad con proyectos que
combinaban la artesanía con formas artísticas innovadoras.

Al mismo tiempo, la ciudad de Tánger se convirtió en un
centro cosmopolita y un lugar de encuentro para la generación beat. De la
relación de Mohamed Choukri con ese entorno surgió uno de los relatos
autobiográficos más descarnados de las letras marroquíes: El pan desnudo (traducido al inglés (1973), por Paul Bowles y al francés por Tahar Ben Jelloun (1980). y prohibido en Marruecos hasta el año 2000.
En la misma época, la
revista Souffles, dirigida por el
poeta Abdellatif Laâbi, abrió el debate sobre la historia y las nuevas
realidades sociales. Esta publicación, que nació como reacción a la represión
armada de la revuelta estudiantil de 1965, muy pronto pasó a ser una caja de
resonancia del discurso crítico y la acción política.
En la segunda etapa, años de grandes conflictos internos,
surge una constelación de publicaciones alternativas, festivales y bienales a
menudo independientes. La voz de la disidencia, especialmente activa en la
literatura, la poesía y el teatro, se difunde mediante la revista Souffles hasta su prohibición en 1972 y,
a partir de entonces, en Intégral y Lamalif.
Durante este periodo aparece
también un arte no académico, no intelectualizado, cuyos representantes son
hombres y mujeres autodidactas vinculados a una dinámica artística viva, como
es el caso de Chaïbia Talal y Fatima Hassan.
A finales de la década de 1980, una nueva corriente
contemporánea empieza a asentarse en el panorama artístico marroquí con nuevos
planteamientos artísticos. Esta dinámica cristalizará durante los años noventa
con artistas como Mohamed El Baz, Mounir Fatmi e Yto Barrada, entre otros. En
los años ochenta, las artes marroquíes empezaron a respirar los aires renovados
de prácticas vanguardistas como la instalación artística y el uso de materiales
modestos y objetos encontrados. En este apartado se puede ver Mi vida (1984-2021), una obra
autobiográfica de Mohamed Larbi, pescador, artista y ciudadano de Tetuán. Sus
obras contienen mundos en miniatura que abordan cuestiones relativas a su vida
personal, la cosmología y diversas preocupaciones sociales.
Composición de Jilali Ghabaoui:
Las tres hermanas, de Ahmed Cherkaoui:
En los últimos años de la década de 1990, Marruecos vive su
transición democrática, durante la cual se manifiestan algunos signos de
apertura en el panorama mediático. La última etapa de la exposición, que abarca
de 2000 a 2020, muestra la obra de una generación de jóvenes artistas que
rompen con el pasado en el plano formal, técnico, simbólico y político del
arte. Esta generación frecuenta espacios alternativos donde los creadores
entablan contacto al margen de los circuitos convencionales. En ella hay, además,
una importante presencia de mujeres artistas que en sus obras plantean, a
menudo, una reflexión crítica en torno a la identidad femenina en el contexto
específico de la sociedad marroquí.
Cada uno de estos periodos, con sus tendencias formales, sus cuestiones
ideológicas y sus accidentes históricos, ha propiciado el surgimiento de gestos
significativos para las siguientes generaciones. La exposición TRILOGÍA
MARROQUÍ 1950-2020 representa un estudio del patrimonio artístico de Marruecos
desde la posindependencia y un análisis de la producción contemporánea. A
través de la diversidad de formas de representación se afirma el papel activo
del arte, en sus múltiples manifestaciones, con respecto al individuo y a la
sociedad, más allá de cualquier idea de centralidad ideológica o moralizante.
Lo que el arte nos enseña es la posibilidad de dar sentido, de imaginar la
justicia, en busca del progreso cultural, social y humano contemporáneo. Este
segmento de la historia de Marruecos puede ayudar a comprender su presente y a
reflexionar sobre su futuro.


La muestra incluye obras de los siguientes artistas y
cineastas: Mohamed Abouelouakar, Etel Adnan, Mohamed Afifi, Malika Agueznay,
Mustapha Akrim, Ahmed Amrani, Mohamed Ataallah, Yassine Balbzioui, Yto Barrada,
Farid Belkahia, Fouad Bellamine, Baghdad Benas, Hicham Benohoud, Ahmed
Bouanani, Mustapha Boujemaoui, Mohamed Chabâa, Ahmed Cherkaoui, Mohamed
Choukri, Hassan Darsi, Bachir Demnati, Mostafa Derkaoui, Mohamed Drissi, Moulay
Ahmed Drissi, André Elbaz, Mohamed El Baz, Khalil El Ghrib, Badr El Hammami,
Touhami Ennadre, Safaa Erruas, Ali Essafi, Ymane Fakhir, Mounir Fatmi, Jilali
Gharbaoui, Souad Guennoun, Mustapha Hafid, Mohamed Hamidi, Mohssin Harraki,
Fatima Hassan, Soukaina Joual, Mohamed Kacimi, Maria Karim, Leila Kilani,
Faouzi Laatiris, Miloud Labied, Mohammed Laouli, Randa Maroufi, Najia Mehadji,
Mohamed Melehi, Abderrahman Meliani,

Houssein Miloudi, Mohamed Mrabet, Sara
Ouhaddou, Rachid Ouettassi, Bernard Plossu, Karim Rafi, Mohamed Larbi Rahhali,
Younes Rahmoun, Abbas Saladi, Tayeb Saddiki, Chaïbia Talal, Latifa Toujani. He echado
de menos obras, entre otros, del tetuaní Meki Masmoudi, residente en
Estrasburgo. No obstante, merece la pena una visita, ya que va incluida en el
billete de acceso al museo y gratuita para muchas personas.


La exposición se completa con revistas de arte y pensamiento, numerosas fotografías de dichos artistas y de momentos políticos importantes para el país, como es el momento de la independencia (vemos varias imágenes del sultán Mohamed V).
la firma del nuevo Estado de Marruecos por parte del primer ministro marroquí, Sidi Embarek El Bekkai y el ministro español de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo, en el Palacio del Pardo, el 7 de abril de 1956,
o de la Marcha Verde.
En salas anexas se proyectann películas y documentales
sobre la represión política de los años setenta del pasado siglo, como Beau geste (2009) de la artista Yto
Barrada, que a través de fotografías, películas, esculturas e instalaciones
explora las circunstancias sociales y políticas, junto a algunos
acontecimientos históricos de su ciudad natal, Tánger, y otros lugares de
Marruecos, El espectáculo ha terminado
(2011) de Karim Rafi. o Bab Sebta Puerta de Ceuta (2019), de
Randa Maroufi, producida en un “garaje” que la artista convirtió en estudio
para captar los movimientos coreográficos de las personas que cruzan la
frontera de Ceuta. Antes del ocaso
(2019), de Ali Essafi, un documental sobre la vida cultural de los años setenta
que reúne una importante selección de materiales de archivo -obras de arte,
películas, música, voces etc. -para recrear el ámbito de aquellos momentos de
la historia de Marruecos.
En uno de los documentales, dos mujeres hablan de la prisión
y torturas de sus maridos. Una de ellas dice: “El Mkhzén (el Palacio y la
Corte) es como las abejas cuando aprieta el calor. Si te acercas demasiado o le
molestas, te atacará. Pero te dejará en paz si no le buscas las cosquillas.”