SAMARKANDA

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Bienvenido al karavansar. No por casualidad he llamado así a mi blog, puesto que en alguna lengua de Oriente se llama de este modo a la posada, la pensión, la fonda, donde descansar antes de seguir el camino. Decir que la vida es un tránsito no es descubrir América (que también se hizo en un tránsito, pero por mar), pues ya muchos autores lo expresaron. Pero sí quiero señalar la provisionalidad, el azar, la hospitalidad, el descanso, la cercanía que produce "pasar" por un sitio desconocido a algo más seguro, que es el fin del viaje. Desde Jorge Manrique hasta Antonio Machado se ha plasmado la imagen del hombre como viajero. Y este blog pretende que nos encontremos, "ligeros de equipaje", en esta parada y fonda virtual, que no virtuosa. Hasta pronto.

miércoles, 23 de junio de 2021

EXPOSICIÓN TRILOGÍA MARROQUÍ (1950-2020)

 Desde el 31 de marzo de 2021 hasta el 27 de septiembre se puede visitar esta exposición en el Museo Reina Sofía, de Madrid. Se trata de una iniciativa del propio museo español, del Ministerio de Cultura y Deporte del Gobierno de España y Fundación Nacional de Museos del Reino de Marruecos. Ha contado con la colaboración de: Mathaf: Arab Museum of Modern Art de Qatar Museums y Qatar Foundation. Sus comisarios son  Manuel Borja-Villel y Abdellah Karroum. Con el apoyo de: Fundación Almayuda.

   Se trata de un diálogo visual que abarca la producción artística en tres momentos históricos del país vecino, desde la independencia hasta el presente: la transición de la independencia (1950-1969), los denominados “años de plomo” (1970-1999) y la actualidad (2000-2020). Se centra principalmente en tres núcleos urbanos: Tetuán, Casablanca y Tánger-Azilah. 

 



   Tras cuarenta años de protectorado francés y español, el primer periodo abarca una fase extremadamente agitada, que se extiende desde los años de la independencia hasta 1969, durante la cual el campo artístico se articula en torno a los debates suscitados por la aparición de la corriente nacionalista y la necesidad de construir un discurso identitario. Estos dos aspectos constituirán el trasfondo conceptual de la modernidad artística marroquí durante las décadas de 1960 y 1970. El planteamiento de estos artistas consistía en cuestionar el academicismo artístico tradicional transmitido a través de la enseñanza del arte en Marruecos.

 


 

 

   Después de estudiar y formarse en las principales capitales artísticas del mundo, principalmente en París y Madrid, la primera generación de artistas marroquíes se impregnó de los debates teóricos entonces en boga a escala internacional. Posteriormente adoptaron la abstracción como modo de expresión adecuado para dar cabida a sus reivindicaciones nacionales y a sus ansias identitarias. 



   De este modo, muchos artistas que habían iniciado su andadura en las escuelas de arte locales consumaron una ruptura radical con el acervo académico adquirido durante su formación en Marruecos para proseguir sus estudios en Europa, principalmente en París y Madrid (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), Italia y Estados Unidos. Amrani, por ejemplo, durante sus estudios en España, pasaba horas en el Museo del Prado donde estudió las obras de Goya y de Velázquez y acabó desarrollando una expresividad que debe mucho a la influencia del pintor aragonés, como se observa en Protesta (1969) Tras su regreso a Marruecos, artistas como Mohamed Melehi, Mohamed Chabâa junto a Farid Belkahia, Mohamed Hamidi, Mohamed Ataallah y Mustapha Hafid transformaron profundamente la educación artística marroquí en la Escuela de Bellas Artes de Casablanca, que poco después impulsó la apertura a la modernidad con proyectos que combinaban la artesanía con formas artísticas innovadoras. 



   Al mismo tiempo, la ciudad de Tánger se convirtió en un centro cosmopolita y un lugar de encuentro para la generación beat. De la relación de Mohamed Choukri con ese entorno surgió uno de los relatos autobiográficos más descarnados de las letras marroquíes: El pan desnudo (traducido al inglés (1973), por Paul Bowles y al francés por Tahar Ben Jelloun (1980). y prohibido en Marruecos hasta el año 2000. 

 


    En la misma época, la revista Souffles, dirigida por el poeta Abdellatif Laâbi, abrió el debate sobre la historia y las nuevas realidades sociales. Esta publicación, que nació como reacción a la represión armada de la revuelta estudiantil de 1965, muy pronto pasó a ser una caja de resonancia del discurso crítico y la acción política. 



   En la segunda etapa, años de grandes conflictos internos, surge una constelación de publicaciones alternativas, festivales y bienales a menudo independientes. La voz de la disidencia, especialmente activa en la literatura, la poesía y el teatro, se difunde mediante la revista Souffles hasta su prohibición en 1972 y, a partir de entonces, en Intégral y Lamalif

 




 

    Durante este periodo aparece también un arte no académico, no intelectualizado, cuyos representantes son hombres y mujeres autodidactas vinculados a una dinámica artística viva, como es el caso de Chaïbia Talal y Fatima Hassan. 



   A finales de la década de 1980, una nueva corriente contemporánea empieza a asentarse en el panorama artístico marroquí con nuevos planteamientos artísticos. Esta dinámica cristalizará durante los años noventa con artistas como Mohamed El Baz, Mounir Fatmi e Yto Barrada, entre otros. En los años ochenta, las artes marroquíes empezaron a respirar los aires renovados de prácticas vanguardistas como la instalación artística y el uso de materiales modestos y objetos encontrados. En este apartado se puede ver Mi vida (1984-2021), una obra autobiográfica de Mohamed Larbi, pescador, artista y ciudadano de Tetuán. Sus obras contienen mundos en miniatura que abordan cuestiones relativas a su vida personal, la cosmología y diversas preocupaciones sociales. 

 


    Composición de Jilali Ghabaoui:


    Las tres hermanas, de Ahmed Cherkaoui:



   En los últimos años de la década de 1990, Marruecos vive su transición democrática, durante la cual se manifiestan algunos signos de apertura en el panorama mediático. La última etapa de la exposición, que abarca de 2000 a 2020, muestra la obra de una generación de jóvenes artistas que rompen con el pasado en el plano formal, técnico, simbólico y político del arte. Esta generación frecuenta espacios alternativos donde los creadores entablan contacto al margen de los circuitos convencionales. En ella hay, además, una importante presencia de mujeres artistas que en sus obras plantean, a menudo, una reflexión crítica en torno a la identidad femenina en el contexto específico de la sociedad marroquí. 








   Cada uno de estos periodos, con sus tendencias formales, sus cuestiones ideológicas y sus accidentes históricos, ha propiciado el surgimiento de gestos significativos para las siguientes generaciones. La exposición TRILOGÍA MARROQUÍ 1950-2020 representa un estudio del patrimonio artístico de Marruecos desde la posindependencia y un análisis de la producción contemporánea. A través de la diversidad de formas de representación se afirma el papel activo del arte, en sus múltiples manifestaciones, con respecto al individuo y a la sociedad, más allá de cualquier idea de centralidad ideológica o moralizante. Lo que el arte nos enseña es la posibilidad de dar sentido, de imaginar la justicia, en busca del progreso cultural, social y humano contemporáneo. Este segmento de la historia de Marruecos puede ayudar a comprender su presente y a reflexionar sobre su futuro. 

 

   La muestra incluye obras de los siguientes artistas y cineastas: Mohamed Abouelouakar, Etel Adnan, Mohamed Afifi, Malika Agueznay, Mustapha Akrim, Ahmed Amrani, Mohamed Ataallah, Yassine Balbzioui, Yto Barrada, Farid Belkahia, Fouad Bellamine, Baghdad Benas, Hicham Benohoud, Ahmed Bouanani, Mustapha Boujemaoui, Mohamed Chabâa, Ahmed Cherkaoui, Mohamed Choukri, Hassan Darsi, Bachir Demnati, Mostafa Derkaoui, Mohamed Drissi, Moulay Ahmed Drissi, André Elbaz, Mohamed El Baz, Khalil El Ghrib, Badr El Hammami, Touhami Ennadre, Safaa Erruas, Ali Essafi, Ymane Fakhir, Mounir Fatmi, Jilali Gharbaoui, Souad Guennoun, Mustapha Hafid, Mohamed Hamidi, Mohssin Harraki, Fatima Hassan, Soukaina Joual, Mohamed Kacimi, Maria Karim, Leila Kilani, Faouzi Laatiris, Miloud Labied, Mohammed Laouli, Randa Maroufi, Najia Mehadji, Mohamed Melehi, Abderrahman Meliani,



Houssein Miloudi, Mohamed Mrabet, Sara Ouhaddou, Rachid Ouettassi, Bernard Plossu, Karim Rafi, Mohamed Larbi Rahhali, Younes Rahmoun, Abbas Saladi, Tayeb Saddiki, Chaïbia Talal, Latifa Toujani. He echado de menos obras, entre otros, del tetuaní Meki Masmoudi, residente en Estrasburgo. No obstante, merece la pena una visita, ya que va incluida en el billete de acceso al museo y gratuita para muchas personas. 

 




 

   La exposición se completa con revistas de arte y pensamiento, numerosas fotografías de dichos artistas y de momentos políticos importantes para el país,  como es el momento de la independencia (vemos varias imágenes del sultán Mohamed V).

 


 

la firma del nuevo Estado de Marruecos por parte del primer ministro marroquí, Sidi Embarek El Bekkai y el ministro español de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo, en el Palacio del Pardo, el 7 de abril de 1956,

 


 o de la Marcha Verde. 






   En salas anexas se proyectann películas y documentales sobre la represión política de los años setenta del pasado siglo, como Beau geste (2009) de la artista Yto Barrada, que a través de fotografías, películas, esculturas e instalaciones explora las circunstancias sociales y políticas, junto a algunos acontecimientos históricos de su ciudad natal, Tánger, y otros lugares de Marruecos, El espectáculo ha terminado (2011) de Karim Rafi.  o Bab Sebta Puerta de Ceuta (2019), de Randa Maroufi, producida en un “garaje” que la artista convirtió en estudio para captar los movimientos coreográficos de las personas que cruzan la frontera de Ceuta. Antes del ocaso (2019), de Ali Essafi, un documental sobre la vida cultural de los años setenta que reúne una importante selección de materiales de archivo -obras de arte, películas, música, voces etc. -para recrear el ámbito de aquellos momentos de la historia de Marruecos. 

 












    En uno de los documentales, dos mujeres hablan de la prisión y torturas de sus maridos. Una de ellas dice: “El Mkhzén (el Palacio y la Corte) es como las abejas cuando aprieta el calor. Si te acercas demasiado o le molestas, te atacará. Pero te dejará en paz si no le buscas las cosquillas.”

jueves, 28 de enero de 2021

HISTORIA DE UNA MONJA

                                                                                                  A la memoria de Paquita

 

 

Ingresó muy joven en un convento, con apenas 18 años. Veinte años después, llegó a la conclusión de que la vida religiosa no era su camino, y dejó la congregación, en un tiempo en que la mujer que tomaba esa determinación era considerada como apóstata (incluso dentro de su círculo familiar, sus amistades y hasta su propia orden). Estudió la carrera de solfeo y piano. Después obtuvo la licenciatura en Bellas Artes. Con cuarenta y tantos años se sacó las oposiciones para Instituto. Pintaba cuadros y expuso por toda España. Era adorada por todos sus antiguos alumnos. El covid 19 la ha arrebatado a este mundo y se la ha llevado a otro, donde podrá interpretar como solista el CONCIERTO EMPERADOR, de Beethoven, con una orquesta de ángeles, para Jesús de Nazaret y todos los santos, que la escucharán embobados. Y hasta se atreva a pintar una versión celeste de LAS MENINAS.

 



   Este suceso me trae a la memoria aquella película que se titulaba “HISTORIA DE UNA MONJA” (1959), dirigida por Otto Zinneman, y bellamente interpretada por Audrey Hepburn. La vi hace muchos años y la he vuelto a ver en reposiciones de televisión. Por una suerte de azares, entre ellas la intransigencia de la superiora Madre Emmanuel, Gabrielle (o Sor Luc, según el nombre que tomó al profesar los votos), decide seguir su conciencia y abandonar la vida religiosa. Las imágenes finales de ella saliendo del convento en plena soledad y abandono son de por sí elocuentes.

 


   Son bastantes hombres y mujeres los que he conocido antes y después de “dejar los hábitos” como antiguamente se decía. Y he visto de todo: los que salían con una mano detrás y otra delante y los que he visto salir bien apoyados en lo económico y en lo personal. En los años posteriores al Concilio Vaticano II ha predominado el segundo caso: las congregaciones religiosas, especialmente masculinas, han procurado buscar un trabajo a quien ha sido uno de los suyos hasta el momento de abandonar. Pero también vi, años antes, a superiores que desdeñaban a un joven seminarista por tener criterio propio o porque no andaba alrededor suyo ganándose su confianza (a veces, ganándola a base contar chismes de los demás), hasta convencerlo de que la vida religiosa no era para él. Igualmente he conocido a alguna abadesa muy experta en eso de la “acepción de personas” y que, espero, tendrá su merecido en la otra vida. La casuística me daría para varios relatos.

 


   Mal que bien, todos los hombres y mujeres que se salieron de una institución religiosa se abrieron camino en la vida laical. Dios apoya a los valientes. Muchos han conservado relación amistosa con su antigua congregación. Alguno habrá que no solo perdiera la vocación sino también la fe.

   Las mujeres han sido la parte más débil de este espectro. No es el caso de valorar si fue errada o no su decisión de ingresar en un convento. Pero sí de constatar que muchas de ellas carecían de una formación académica que les abriera las puertas a un mundo laboral adecuado a su edad y a sus conocimientos, muchas veces escasos, para dejar los hábitos. Maestras, profesoras, enfermeras han sido las profesiones más recurrentes para estas mujeres que volvían a la sociedad seglar en una edad madura. 


   Vivimos en un mundo en el que los jóvenes (chicos y chicas), pueden gozar de una formación académica básica. Una generación que, acabado el bachillerato o emprendidos unos estudios universitarios, puede plantearse si está llamada a la vida religiosa. Aunque tal como estamos viendo las estadísticas, parece una opción con escasísimos seguidores. Y habrá que plantearse por qué, lejos de apriorismos y deducciones simplistas.

   De momento, mi oración y mi recuerdo por todas las “paquitas” que he conocido y que ya han encontrado la “Lux Perpetua”.