SAMARKANDA

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Bienvenido al karavansar. No por casualidad he llamado así a mi blog, puesto que en alguna lengua de Oriente se llama de este modo a la posada, la pensión, la fonda, donde descansar antes de seguir el camino. Decir que la vida es un tránsito no es descubrir América (que también se hizo en un tránsito, pero por mar), pues ya muchos autores lo expresaron. Pero sí quiero señalar la provisionalidad, el azar, la hospitalidad, el descanso, la cercanía que produce "pasar" por un sitio desconocido a algo más seguro, que es el fin del viaje. Desde Jorge Manrique hasta Antonio Machado se ha plasmado la imagen del hombre como viajero. Y este blog pretende que nos encontremos, "ligeros de equipaje", en esta parada y fonda virtual, que no virtuosa. Hasta pronto.

jueves, 6 de octubre de 2016

"PÍNTAME", EN EL ALFIL



Mientras esperaba el comienzo de la función en el Teatro Alfil, sentado en la primera fila por deferencia del productor Eduardo de los Santos, recordaba la noche del 28 de noviembre de 1975, con Franco recién enterrado y yo, estudiante de Filología Hispánica, asistía al estreno de Historia de unos cuantos, de José Mª Rodríguez Méndez, en la fila siguiente a donde se sentaban Massiel, Patxi Andion y otros. En la puerta, algunos coches de policías, los “grises” de entonces. La obra no merecía tal despliegue de fuerzas de seguridad, pero eran tiempos de imprevistos y sobresaltos.

   He acudido más recientemente al Teatro Alfil, que sigue resistiendo la crisis con una variedad de obras, autores, actores… todos ellos jóvenes, que lo mantienen como uno de los espacios más dinámicos y frescos de la ciudad, con una situación privilegiada en el corazón de Madrid. Ahora, las butacas rodean sendos veladores donde se puede consumir una cerveza o un refresco, a modo de café-teatro. En la tarde del 2 de octubre asistí al regreso de Píntame, comedia de David Ramiro Rueda, que también él ha dirigido, desde su estreno en Madrid y su rotación por varios escenarios españoles, recogiendo el aplauso de unos 10000 espectadores. Es la quinta temporada para la obra. La producción corresponde a SerieTeatro Talent. (Ya podemos adelantar que el 28 de octubre, David Ramiro Rueda celebrará el preestreno de su segunda obra: La cicatriz, en la sala principal de los Teatros Luchana de Madrid, contando de nuevo con la actriz Adriana Salvo). Es una tarde de amable otoño, con gente joven esperando a la puerta del teatro donde lucen carteles de obras, algunos con rebosantes bellezas ligeras de ropa, justo enfrente de un convento de monjas de clausura. Ora et labora, que dijo el otro.


En Píntame, dos jóvenes (Gonzalo y Diego) que comparten piso, entran en contacto con Elena. Diego, experto en juegos informáticos y de Internet, logra que, sin saberlo ellos, Gonzalo y Elena lleguen a conocerse por una “casualidad” que Diego ha preparado por su cuenta a través de una red social, haciéndose pasar por Gonzalo. Surge el amor entre aquéllos. Ella se instala en el piso y Diego se marcha, pues parece no soportar la intromisión femenina. Pero la vida es una mezcla de azares, y crea situaciones y sentimientos imprevistos, del mismo modo que los colores de una acuarela, mezclados, proporcionan tonos y matices que enriquecen el cuadro. De esto sabe bien Elena, pintora aficionada y abstracta que no logra el éxito perseguido con afán. Gonzalo, tierno y tímido, pintor de brocha gorda, también descubrirá que el arco iris va más lejos que el blanco “gotelet” de las paredes. Diego tendrá que asumir que el juego fue demasiado lejos pues el rojo corazón le gastó una mala pasada. Los tres acabarán aprendiendo algo nuevo en sus vidas. Y por encima del amor entre Gonzalo y Elena, aletea un amor sublimado de Diego por su amigo.

En una escenografía extremadamente sobria, por lo general ambientando el apartamento de los dos muchachos, la palabra ágil y rápida (especialmente de Elena) va creando situaciones de una comedia con “pinceladas” de humor, que camina hacia tintes dramáticos pero que, al final, deja la puerta abierta a la esperanza, la felicidad y la fidelidad a los principios. Es una obra optimista en la que muchos jóvenes se sienten identificados.


Los tres intérpretes están espléndidos en sus respectivos papeles. Adriana Salvo compone una Elena vivaz e inquieta pintora que lucha contra los elementos del fracaso para llegar a realizarse en su profesión. Es, tal vez, el personaje que menos ha de evolucionar en la obra. Iker Azcoitia, en un Diego vitalista (y tan versátil como el propio actor) al que la realidad le irá bajando los pies hasta tocar el duro suelo. Jon Rod, el tímido, generoso, decidido y consecuente en un Gonzalo muy personal que llenaba de luz todas sus escenas. Todo un descubrimiento para mí. El y sus dos compañeros nos hacían reír y, en los últimos momentos, reflexionar y sentir con ellos.

Una tarde de septiembre, pintada por ellos con la paleta del otoño.

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