SAMARKANDA

SAMARKANDA
Bienvenido al karavansar. No por casualidad he llamado así a mi blog, puesto que en alguna lengua de Oriente se llama de este modo a la posada, la pensión, la fonda, donde descansar antes de seguir el camino. Decir que la vida es un tránsito no es descubrir América (que también se hizo en un tránsito, pero por mar), pues ya muchos autores lo expresaron. Pero sí quiero señalar la provisionalidad, el azar, la hospitalidad, el descanso, la cercanía que produce "pasar" por un sitio desconocido a algo más seguro, que es el fin del viaje. Desde Jorge Manrique hasta Antonio Machado se ha plasmado la imagen del hombre como viajero. Y este blog pretende que nos encontremos, "ligeros de equipaje", en esta parada y fonda virtual, que no virtuosa. Hasta pronto.

domingo, 14 de enero de 2018

OSCAR O LA FELICIDAD DE EXISTIR



¿Qué pasa por la mente de un niño enfermo de cáncer, ingresado en la planta de oncología infantil de un hospital, y descubre que el trasplante de médula ha fracasado? ¿Qué sentimientos posee un niño travieso que percibe la frustración del doctor Düsseldorf, el miedo a la verdad que atenaza a sus propios padres, que no tiene ni ilusión ni magia donde agarrarse pues Papá Noel son los padres y Dios no existe?
Mami Rosa, la voluntaria que lo visita dos veces por semana, primero capta su atención como ex luchadora de "pressing catch" y más tarde le ofrece un entretenimiento: escribir una carta diaria a Dios, a ese Dios que no existe. ”Oye mi ruego, Tú, Dios que no existes…”, comienza un soneto de Unamuno. La existencia de Dios es una experiencia personal, íntima, intransferible. Esas cartas harán que Dios exista, que lo conforte, lo escuche y lo atienda, siempre y cuando sus peticiones traspasen lo material. Dios se convierte en interlocutor necesario, idea que también era el eje unamuniano en SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR. No es un Dios teórico sino práctico. Es el “otro” protagonista de la historia. Y así comienzan esas catorce cartas (catorce estaciones de un Vía Crucis) en las que va despojándose de sus lastres y descubriendo el valor de la amistad con los otros niños de la planta (Palomitas, Bacon, Sarita…), el amor por Peggy Blue y la simpatía por los padres de ella, en sus similares circunstancias, la comprensión hacia sus padres, la propia aceptación de sus límites.
El juego le lleva a la historia de su infancia, su adolescencia, su primer amor, su primer desengaño, los celos, la madurez, la etapa adulta, la vejez... porque la enfermedad de Oscar le permite vivir todas las etapas de la vida de un ser humano a marchas forzadas. Escuchando sus cartas nos vienen a la memoria la ternura de un “Charlot” y la inteligencia de El principito. Pero advierto al espectador: lo esencial de cada una de esas misivas está en las postdatas, donde Oscar resume lo que realmente desea. Y gracias a Mami Rosa, su amiga, su cómplice, Oscar va sacando de sí mismo lo mejor que había dentro de él sin saberlo. “Quiero sacar de ti tu mejor tú”, leemos en célebre verso de Pedro Salinas. Se irá despojando de las capas de cebolla que lo aislaban del resto (Dios incluido) sin él saberlo. Las cartas son su catarsis porque el primer lector de una carta es su propio autor. A medida que avanzan las cartas del niño, Mami Rosa le propone otro juego: “envejecer” diez años cada 24 horas.
   Éric-Emmanuel Schmitt, escritor francés nacionalizado belga, había sido un joven rebelde y ateo práctico, que alimentó su adolescencia con los jugos de la revolución del 68. Cerca de los treinta años de edad, durante un viaje al Sahara vive una experiencia casi mística. A partir de entonces escribe sin parar alcanzando un éxito inmediato con novelas y obras de teatro. El señor Ibrahim y las flores del Corán (2001) es convertida en cine dos años después, interpretada por Omar Sharif en una versión que no me satisface. El tema era el sufismo musulmán. Su libro siguiente será la novela Oscar y Mamie Rose llevada al cine por su propio autor. El tema es el Dios del cristianismo. Anteriormente, había publicado la novela Milarepa, acerca del budismo, cuyo texto desconozco, pero que fue el origen de la idea de un ciclo completado con El señor Ibrahim…, El hijo de Noé sobre el judaísmo, El sumo que no podía engordar sobre el budismo zen y Oscar…, que el propio autor definió como El ciclo de lo invisible, abordando a las religiones principales desde una postura abierta, lejos de cualquier integrismo o catequesis, a veces confiando su protagonismo a un niño (Oscar) o a un adolecente (Momo en El señor Ibrahim…). Como seres humanos más inocentes y permeables. Premiado y aplaudido en todo el mundo, sin embargo, Smitt es muy poco conocido en España.
   Oscar o la felicidad de existir aparece en España en la traducción de Juan José de Arteche, versionada, actualizada, y dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, quien pone de relieve cuanto la obra tiene de actualidad. No sólo por la enfermedad de cáncer infantil o por la situación de niños abandonados, violentados, refugiados (Oscar somos todos a fin de cuentas), sino por su carácter de monólogo dialógico. Si el teatro es un “juego”, la obra que se representa es un homenaje al teatro: Mami Rosa representa un papel con un nombre ficticio, los niños del hospital no usan sus nombres sino sus cariñosos apodos como personajes de una comedia infantil. El protagonista, Oscar, va escribiendo el libreto de cada uno. Y en su momento, sabrá hacer el mutis más delicado para sus padres y su amiga y más generoso para “su” público, que somos nosotros. Juan Carlos Pérez de la Fuente ha dirigido esta obra con muchísimo cariño, mucha ternura, ya que sus circunstancias laborales y familiares le han llevado a vivir la incomprensión, la injusticia, el dolor personal y el de los enfermos de un hospital.
   Naturalmente, para dar cuerpo y voz a más de diez personajes creíbles, se necesitaba a una actriz versátil, segura, dúctil, que Yolanda Ulloa encarna en estado de gracia. En su larga carrera, tal vez sea este su trabajo más complejo, arriesgado y perfecto. El equipo coordinado por Rosario Calleja ha cumplido a la perfección con una música bellísima y sutil de Tuti Fernández, un vestuario sencillo y elocuente de Liza Bassi. El espacio escénico ideado por el propio Pérez de la Fuente vuelve a demostrar (como ya hizo en otras ocasiones), que además de un extraordinario director de escena es un escenógrafo que vive con pasión la búsqueda de sus escenarios. Un fondo de rectángulos a modo de retablo vacío, módulos numerados como espejo de las cartas, sitúa cada tramo en ese “camino de perfección”. Es una obra, en fin, que no deja indiferente al espectador.

   Que un centro universitario apueste por un espacio teatral con su propia programación, ya debería ser noticia. Sólo cabe felicitar a UNIR (Universidad on line de La Rioja) por esta iniciativa.
   Quiero terminar con las palabras que un amigo ateo le dijo a Éric-Emmanuel Schmitt: “Aunque Dios no sea más que ese servicio que el hombre inventa para el hombre, ya es bastante”.


Fotografías: Antonio Castro y Nacho García-SweetMedia
TEATRO ARAPILES 16. Calle Arapiles, 16. Metro: Quevedo.
Del 14 de enero al 25 de febrero.
Jueves, viernes y sábados: 20 horas
Domingos: 19 horas
Venta de entradas: https://www.atrapalo.com/entradas/

jueves, 21 de diciembre de 2017

NAVIDAD CON EMMANUEL

La palabra Navidad significa “nacimiento” y es una palabra que siempre nos trae alegría: algo nuevo viene a la vida reclamando su sitio: Un ser humano, un animal, una planta, tal vez una estrella. Hay doctores, comadronas y enfermeras, que confiesan emocionarse asistiendo a un parto en el que un bebé aparece pidiendo paso. En Navidad celebramos el recuerdo del nacimiento de Jesús. Nunca antes se había acercado tanto Dios a los hombres. Les había hablado a través de profetas. Pero con Jesús, Dios les habla como padre a través de quien Él ha elegido como Hijo. Por eso, en la Biblia, se nombra a Jesús como el “Emmanuel”, palabra hebrea que significa “Dios está entre nosotros”. 
Y la pregunta es: si Dios está entre nosotros, ¿qué pensará de nuestras navidades? Porque, una vez venido Jesús al mundo, mirando a cómo se desarrolló su vida y su muerte entre los más desfavorecidos, sabemos que Dios está entre ellos: los refugiados, los abandonados, los enfermos, los pobres, los rechazados, no en las galerías de grandes almacenes ni en las pistas de trepidantes discotecas. Si Dios se hizo hombre fue para que nosotros nos volviéramos más humanos. Os deseo una “humanísima” Navidad. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

EDGAR NEVILLE: EL TEATRO POSIBLE



Cuando un chico madrileño tiene por nombre Edgar Neville, que más bien parece el pseudónimo de un tal José Pérez, y nace a tres días de inaugurarse el siglo XX, en el día de los Santos Inocentes, ya nos podemos esperar de él cualquier cosa. Si a eso se añade que pertenecía a una familia aristocrática (heredaría el título de conde de Berlanga de Duero por parte de su madre), nacido en un palacio, con coche propio cuando el automóvil era un lujo, el perfil comienza a ser sugestivo. 
Y, sin embargo, nada más lejos de la imagen de un “hijo de papá” de los de entonces, jóvenes holgazanes sin cultura. Más lecturas que estudios. Varios colegios. Logra terminar Derecho e ingresar en la carrera diplomática. Ama la buena vida. Odia pocas cosas: el aburrimiento, el matrimonio, el fanatismo y la cursilería, odios que se reflejarán en sus obras. Curioso y viajero impenitente, Edgar recorre pueblos de Castilla a lomos de caballo con Baroja y en automóvil con Ortega y Gasset, se relaciona por igual con Manuel Azaña que con los humoristas del momento, con toreros, con duquesas o con bailarinas de revista. Jugador de la selección nacional de hockey pero también entusiasta del flamenco y de la gastronomía, con una educación muy cosmopolita, que llegó a ser amigo queridísimo de Charles Chaplin, relacionado con las principales estrellas de Hollywood, ya tenemos los mimbres para construir la personalidad artística de un hombre singular. 
  Guapo, bohemio, inquieto, impecablemente vestido de modo informal o con smoking, una personalidad arrolladora, generoso y egoísta a la vez, un huracán de simpatía, un goloso y glotón hasta la preocupante obesidad (en una de las clínicas para adelgazar, López Rubio fue a visitarlo y lo encontró tumbado en un sofá. Al preguntarle cómo se encontraba, respondió: “pues ya ves, aquí tendido como una inmensa Dama de las Camelias”). Casó con Angeles Rubio Argüelles, de familia también aristocrática y rica aunque el matrimonio hizo aguas y Neville fue pareja durante más de treina años de Conchita Montes, mujer culta y elegante a la que hizo actriz fetiche de todas sus comedias. La mejor obra del escritor Edgar Neville es, sin duda alguna, su propia biografía. Una vida trepidante, variada, cosmopolita y satisfecha de sí misma cuyo resumen me resulta imposible en unas líneas.

   Se inició en el artículo, el cuento y la novela. Se decantó por el cine, donde logró sus obras más perdurables pero volvía una y otra vez al teatro como a un viejo amor de juventud. Con poco más de veinte años, había comenzado con una obrita picante que La Chelito estrenó en el Teatro Chantecler y que fue prohibida por la censura. Un aviso para el futuro. Sus comedias han envejecido peor que sus películas. No obstante, El baile sigue siendo considerada una de las mejores comedias del teatro español del siglo XX. Para mí, La vida en un hilo (que primero fue rodada en cine y después trasladada a la escena), mantiene su ritmo cinematográfico, los juegos con el tiempo fragmentado en su linealidad, el azar como elemento del destino humano, un personaje femenino muy capaz de tomar sus propias decisiones, la caricatura de lo cursi y lo provinciano, la búsqueda de la felicidad,... que es, en definitiva, el tema constante en el teatro de Edgar Neville. 
    Sus comedias (basta con leer algunos prólogos de sus ediciones), hubieron de luchar contra una censura cerril y cateta. En esto compartía avatares con otros miembros de su generación, a la que López Rubio llamó "La otra generación del 27". Si se quería estrenar una obra, no había más remedio que pulir, cortar, limar contenidos y escenas. Para la censura era más temible lo que pasaba en un escenario que en una película. El cine quedaba enlatadao y cada proyección era la misma. El teatro puede ser más imprevisible pues una función no es la misma que la anterior. 
   Por invitación del Centro Cultural Generación del 27, de Málaga, he tenido que impartir una conferencia sobre los elementos inverosímiles de su teatro, tejidos con ironía, humor sutil, frecuentemente resueltos hacia la alta comedia, con finales felices envueltos en el sentimiento y en lo poético. Para mí ha sido la ocasión de recordar estas obras que remiten a un tiempo de teatro bien escrito, de un ingenio más inglés que español, más en sintonía con Oscar Wilde que con los Álvarez Quintero.

   De Miguel Mihura, de José López Rubio y de Edgar Neville (reunidos en esta foto) 
nos ha quedado un manojo de comedias del "buen oficio", del humor que juega con la inverosimilitud, de lo insólito y de lo disparatado de la vida humana, que está sometida siempre a un futuro insospechado.