SAMARKANDA

SAMARKANDA
Bienvenido al karavansar. No por casualidad he llamado así a mi blog, puesto que en alguna lengua de Oriente se llama de este modo a la posada, la pensión, la fonda, donde descansar antes de seguir el camino. Decir que la vida es un tránsito no es descubrir América (que también se hizo en un tránsito, pero por mar), pues ya muchos autores lo expresaron. Pero sí quiero señalar la provisionalidad, el azar, la hospitalidad, el descanso, la cercanía que produce "pasar" por un sitio desconocido a algo más seguro, que es el fin del viaje. Desde Jorge Manrique hasta Antonio Machado se ha plasmado la imagen del hombre como viajero. Y este blog pretende que nos encontremos, "ligeros de equipaje", en esta parada y fonda virtual, que no virtuosa. Hasta pronto.

lunes, 21 de marzo de 2016

BREVIARIO EN SOL MAYOR

Cuando viajo en Metro, especialmente en trayectos largos sin muchos cambios de línea, me gusta leer un libro en el rincón más apartado posible. Tengo la suerte de que sólo dos estaciones me separan del principio de línea y resulta fácil encontrar asiento libre. La fortuna se quiebra normalmente en Plaza de Castilla. Hombres y mujeres con el móvil adosado a la oreja y hablando a voces. Adolescentes de los dos sexos con las feromonas a flor de piel. Ellas, de largas melenas balanceantes y anchos cinturones a modo de minifaldas. Ellos, relinchando como caballos en pradera. Músicos que invaden nuestros tímpanos con una bachata trepidante. Mendigos que solicitan una ayuda para su esposa tullida y sus siete hijos indigentes. Vendedores de "klínex" inacabables (ellos y los pañuelitos). No suele faltar el grupo de albañiles rumanos que nos obsequian sus sudores y su conversación incomprensible. Sólo me queda cerrar el libro y convertirme en buda por unos minutos.
   Pero a lo que iba. Me gusta leer textos breves: libros de cuentos, de poemas, de reflexiones. Algo que pueda interrumpir cada poco tiempo.
   Uno de estos libros ha sido Morir por mi demanda que su autor, Fernando de Villena, tuvo la amabilidad de enviarme con una cariñosa dedicatoria. Aún no tengo la satisfacción de conocerlo personalmente, sino a través de sus escritos (y ahora en contacto a través de Faceboock), en los cuales me inició el poeta y amigo común José Lupiáñez. Este me envió hace años el librito Belén de versos, una breve antología de poemas navideños de diferentes escritores granadinos. El último era un soneto maravilloso de Villena que utilicé con permiso de su autor como felicitación navideña en mis tiempos de Director del Colegio Mayor Elías Ahuja. Este último poemario que me llega, de título tan clásico, reúne veinticuatro poemas, como las horas de un día, de contenido religioso. A fin de cuentas, los seres humanos somos relojes en las manos de Dios. Ninguna lectura más adecuada para esta Semana Santa. Los sonetos del "Introito" dibujan al hombre angustiado que mira hacia atrás, hacia adelante, "siempre buscando a Dios entre la niebla", pero con la certeza de la existencia divina. Hombre sin brújula que sube (o baja) los escalones de la vida, nuevo Moisés esperando la zarza iluminadora "en las fronteras de la noche oscura". Y la mano de Dios se adivina en la propia naturaleza, que viene a ser un libro cantoral donde leer lo que dibuja Su mano poderosa. Es Dios "quien teje con amor nuestros destinos" en el portentoso tapiz del universo. El encuentro máximo se produce en la Comunión eucarística "por la gracia candeal de tu llegada".
   El plato fuerte del libro es el cuerpo central, "Celebración". Y por seguir con la imagen del tapiz que acabo de mencionar, ahora el paño puede verse desde dos lados: por el derecho con la hermosura de la naturaleza y por el envés con los hilos retorcidos y tremendos del egoísmo humano que se aprovecha de la indigencia física, moral y económica de los más débiles. El poeta fustiga con su palabra como un nuevo profeta Habacuc. A un mundo sin fronteras y alambradas van subiendo las almas ya libres de sus castigados cuerpos, recogidos amorosamente por los jinetes de Dios.

"Se los ve presurosos y gentiles
mientras toca la luna
el piano de las olas."

La última parte es un largo poema, titulado precisamente "Poema de un día", compuesto en la habitación de un hospital mientras su esposa lucha con una enfermedad que pone en riesgo su vida.  El poeta evoca Cerro Gordo, en el litoral mediterráneo, donde suele pasar días el matrimonio, y va esbozando una acuarela lírica bellísima, luminosa, apacible, deliciosa. Un "locus amoenus" en toda regla.

   Cuando cierro el libro he llegado ya a a la estación metropolitana de Sol. Salimos todos en tropel, en un revuelto de razas, sexos y colores. Como si saliéramos del Purgatorio... ¿camino de dónde? En una galería, un hombre de edad interpreta al violín el tema de la película "Titanic" que todos hemos escuchado en la voz de Céline Dion. El buque insignia del bienestar se hundió en la inconsciencia de aquel mundo orgulloso de sí mismo, de tanto mirarse en su propio espejo. Como Narciso. Como nuestra Europa.

viernes, 18 de marzo de 2016

PASION EN VIVO

No me consta si en algunas parroquias de Madrid se representa la Pasión de Cristo escenificada dentro del templo. Es posible que Santa María de la Esperanza sea una excepción. Y el pasado día 17 he tenido la oportunidad de asistir al 25 aniversario de LA PASIÓN en dicha parroquia, anexa al Colegio Valdeluz. Todo un acontecimiento y una experiencia gratificantes en sus variadas significaciones. Son más de doscientas personas quienes aportan su entusiasmo en diferentes facetas artísticas y técnicas para mostrar esos misterios cristianos, interpretando textos que se hicieron famosos en la obra UN TAL JESÚS, de María y José Ignacio López Vigil. En los primeros años, la función consistía en lectura dramatizada con un coloquio posterior. Pero al cabo de unos años se convirtió en representación teatral plena. Jesús Nazareno, su madre, apóstoles, discípulos, Anás, Caifás, Herodes, Herodías, Poncio Pilatos, centuriones, narrador... y un largo etcétera han sido interpretados años tras año por personas entregadas. Y hoy, al llegar sus bodas de plata, los hemos podido ver de nuevo, apoyados por la Coral "Valdeluz" (bajo la batuta de Félix Redondo), que intercalaba diversos fragmentos de música religiosa. La dirección del espectáculo ha corrido a cargo, una vez más, de Francisco Nestares.
   












   Al tratarse de una sola representación (debut y depedida) no da tiempo a corregir algunos fallos eléctricos o de movimientos de masas o de aprovechamiento de espacios para siguientes funciones, pero ahí está su encanto: en el esfuerzo por parecer profesionales quienes no lo son y cuyo entusiasmo suple todas las deficiencias. Ellos reciben y mantienen una tradición que fue secular en la Iglesia cuando se representaban misterios de la Pasión, de Navidad, del Corpus Christi o biográficos de santos, plasmados en textos de Juan del Enzina, de Gómez Manrique, de Gil Vicente, de Calderón y de tantos más escritores. El teatro, al igual que la música, son artes que adquieren una dimensión catequética indudable, especialmente cuando está encarnada en los propios feligreses. Familias enteras participan en estos misterios teatrales y litúrgicos, como me consta en la familia Ceballos. Es la mejor manera de introducir a los niños en el significado de esos misterios y en el valor educativo del teatro.
     La disposición del espacio de esta parroquia, como ámbito teatral es extraordinaria: cuenta con bancos a ras de suelo pero también con graderíos trasero y laterales, lo cual permite una perfecta visibilidad desde varios ángulos. También cuenta con diferentes accesos a la nave central que facilitan (si bien complican) la entrada en escena. Y aunque la Pasión comienza en muchos de ellos (discurso de las bienaventuranzas desde una de las tribunas), después se centra casi exclusivamente en el presbiterio y en los pasillos principales. Por poner un ejemplo, el pueblo de Jerusalén, que se arracima en un lateral junto al presbiterio pidiendo a Pilato la liberación de Barrabás, podría dicha multutud repartirse, vociferante, en muy diversos lugares, lo cual dotaría de una gran amplitud y viveza a la escena. La propia aparición del gobernador romano ganaría desde uno de los balcones.
  La función comienza en el encuentro del resucitado con los caminantes de Emaús y se cierra con el mismo instante, cuando los dos discípulos reconocen a Jesús al partir el pan. La última cena, sobre el verdadero altar del templo resulta bella, con la presencia de alguna mujer (entre ellas, la propia madre de Jesús), aunque echo de menos en todo el espectáculo la figura de Magdalena, importantísima en el relato evangélico. Están en torno a la mesa los necesarios, iluminados por candelas. Un momento bello y solemne. En cambio, en otras escenas sobran personajes o figurantes, como el cortejo enlutado del Sanedrín que va a condenar a Jesús. Su entrada recuerda demasiado LA CASA DE BERNARDA ALBA tras el funeral por el padre. Igualmente, la corte de Herodes con tantas coronas en la cabeza se presta a confusiones innecesarias. Sobran coronas en el cortejo del tetrarca. Me trajeron a la memoria la serie Juego de tronos o los cuatro reyes de la baraja.
    Un espacio no excesivamente dotado para la acústica pero bien resuelto con micrófonos. Los focos han permitido concentrar acciones en todo momento. Muy escasos fallos de iluminación entran dentro de lo previsible en función única.

    El vestuario sirve a sus propósitos sin que resulte excesivaente chocante la mezcla de trajes alquilados en Cornejo y los elaborados de modo más casero. Si se confeccionan nuevos vestidos para el futuro, convendría tener en cuenta los nuevos diseños de época que vemos en cine y teatro para producciones del tiempo romano y judío. En posteriores representaciones, podría disponerse de dos túnicas para Jesús: una blanca, impoluta, que use durante el tiempo de predicación y otra sucia y rasgada para las escenas posteriores al prendimiento de Getsemaní.

   Los intérpretes principales han resuelto bien sus papeles. Hemos podido ver a un Jesús (David Razola) quizá algo monótono pero sí con un físico convincente. Su madre, María, encarnada por Esther Gómez muy concentrada al realizar su monólogo final. Un Judas Iscarote (Fernando Zeledón) muy sólido, un Anás (Antonio Ceballos) tal vez más inquieto y nervioso de lo apropiado en quien ostenta poder, un Pilato elegantísimo, aunque sobraba la diadema de laurel (exclusiva de los césares imperiales pero no de los gobernadores) etc. No me es posible más que citar los nombres propios de quienes conozco en persona.
   Y vamos con la música. El ritmo de la representación se ralentiza con los fragmentos interpretados por la coral y la lentitud de los movimientos de masas en sentido procesional. Creo que el espectáculo ganaría en ritmo sólo con la parte dramática, sin coro, dándole más movimiento a las masas y aprovechando mejor un local que se presta a ello. La colaboración de la estupenda coral (que hemos escuchado en conciertos) no aporta mucho a la dramaturgia y sí vuelve lenta la función sin necesidad. Por otro lado, la música que se escucha grabada para subrayar algunas escenas, puede ser seleccionada desde otro criterio. Escuchar el "O Fortuna", de CARMINA BURANA, para la entrada de la corte de Herodes, puede ser suplida sin gran esfuerzo por músicas orientales bellísimas. La religiosa libanesa de rito maronita Marie Keyrouz es una fuente inagotable de sugerencias para un espectáculo de este tipo. Sus cantos de Viernes Santo, acompañada de monjes, resultan ideales y pueden encontrarse en youtube. No me convenció la escena de la flagelación, que debería estremecer al espectador. Más fuerza, una música violenta (cabe recordar el recuento de los azotes en JESUS CHRIST SUPERSTAR).












   Al final del espectáculo el público aplaudió con fervor y fueron llamados a saludar con el elenco a quienes interpretaron los personajes de Jesús y de María desde los primeros años. Un bonito gesto de reconocimiento y compañerismo.

   Como he señalado antes, participan familias enteras en este evento religioso dramático. La mayoría de ellas compuestas por antiguos y actuales alumnos del Colegio Valdeluz. Este centro, que despunta por sus valores educativos académicos, religiosos y deportivos, tiene una ostentosa ausencia: un taller de teatro, una asignatura dramática, un grupo que represente funciones en el espléndido local teatral que posee y que está infrautilizado (salvo para veladas puntuales). Es una lástima que solo o en colaboración con la parroquia, Valdeluz no coopere institucionalmente en este evento enriquecedor desde todos los puntos de vista.



sábado, 12 de marzo de 2016

TODOS SOMOS ANA

El 11 de marzo de 2004, millones de españoles vivimos la pesadilla. El número de muertos y de heridos aumentaba sin cesar. Confusión por la autoría, angustia por saber si algún pariente, amigo o conocido había perecido en los trenes de la muerte o se hallaba grave en alguno de los hospitales. El mundo entero quedó horrorizado con la noticia que abrió telediarios de los cinco continentes.
   Tres mujeres comparten dos coincidencias; el nombre (Ana el de las tres) y la relación con una de las víctimas. Ángel, que así se llama, es hijo de Doña Ana, que vive en una residencia de ancianos navegando en sus recuerdos tanto del marido como del hijo. Ana, la esposa, en la sala de espera de un hospital esperando un anuncio temible. Y la tercera es la amante de Ángel, desesperada porque él no responde sus llamadas al móvil. Tres personas con un doble vínculo en común: el nombre y el hombre. La amante sabe que Ángel se resiste al divorcio, especialmente por la pequeña Violeta nacida en su matrimonio. La esposa sospecha con fundamento que su marido la engaña aunque él se resista a confesarlo. La madre viuda evoca al marido al que podía soportar gracias a las queridas que él disfrutaba. Parece que la historia se ha repetido en el hijo.
   Tres espacios: residencia, hospital, apartamento, donde cada Ana vive su angustia apasionada de amante, otra su dolor de esposa tal vez viuda, la tercera abrigada en la chaqueta de la memoria y sus corazonadas. La amante está sola con un móvil ineficaz por su silencio. La madre comparte confidencias con su enfermera. La esposa se siente menos sola junto a una mujer árabe que espera noticias sobre el estado de su hijo adolescente, también viajero en el tren. El terrorismo no distingue sexos, razas ni religiones. El amor y la muerte, tampoco.
   Un día de 1985, José López Rubio me dijo: "He visto una obra de teatro de una chica joven que llegará lejos como autora. Me ha encantado. Busca Invierno de luna alegre, de Paloma Pedrero." Así fue cómo me inicié en sus textos. Después he disfrutado de lecturas y representaciones de sus obras que gozan ya de numerosas ediciones, traducciones y han sido representadas dentro y fuera de España, lo cual convierte a Paloma en la más sólida y laboriosa de nuestras autoras dramáticas. De todas ellas, mis preferidas son las piezas breves, algunas de ellas magistrales. Y sobre todas, La llamada de Lauren, un prodigio de evolución de los personajes en escasísimo tiempo. Precisamente, la construcción del personaje (especialmente el femenino) me parece el rasgo más sobresaliente de todo su teatro.

Cuando Juan Carlos Pérez de la Fuente programó Ana el 11 de marzo, me comentó: "Ya es hora de que Paloma Pedrero se vea representada en el Teatro Español. Es de justicia". Su estreno precisamente en esta misma fecha del 11 de marzo le ha añadido un valor suplementario, que el público vivió emocionado, aplaudiendo más aún al final de la obra cuando el reparto levantó hacia el cielo sus ramos de flores. Ana Peinado como enfermera, Laura Toledo como madre marroquí, Marta Larralde como amante, Blanca Rivera como esposa y María José Alfonso como madre del Ángel ausente desarrollan sus personajes con profesionalidad. Y todavía más aún en el caso de María José Alfonso que bordó su papel con la veteranía conocida. La dirección corrió a cargo de la propia Paloma Pedrero y de Pilar Rodríguez.
   En el programa de mano, la autora expresa sobre sus "anas" que "las tres representan a todas las mujeres del mundo, víctimas casi siempre de la violencia demente en la que seguimos sumidos". Yo añadiría, de ese "mundo" en forma de globo terráqueo que al final ellas sostienen con sus manos. Donde exista una sola persona (hombre, mujer, niño o adulto) víctima de violencia doméstica, de terrorismo, de sexismo, de racismo... allí estamos reflejados. Todos somos Ana.

viernes, 11 de marzo de 2016

ALONSO DE SANTOS: LA RAZÓN POÉTICA

He seguido con mucha atención la trayectoria teatral de José Luis Alonso de Santos desde sus primeras obras. La facilidad para captar ambientes urbanos (con su argot, sus actitudes y problemas), la corrección con que maneja la "carpintería" teatral, el humor que deposita en muchos de sus personajes, tan humanos y tan desenvueltos,... nunca me han defraudado. Y recibí con curiosidad la invitación para el estreno de otra obra suya pues el título ya me desconcertaba, En el oscuro corazón del bosque, así como la publicidad de la obra. ¿Se trataría de otro "sueño de una noche de verano"? Los tres sustantivos del título me intrigaban pues no tuve la oportunidad de verla cuando nació, producida por instituciones vallisoletanas y estrenada en Sevilla en 2009.


La obra se desarrolla en el jardín delantero de una mansión que linda con el bosque. Este edificio y otros similares, también vecinos, han sido vendidos por herederos de antiguos propietarios ya fallecidos. Dos mozos de mudanzas van sacando muebles y enseres antes de que entren máquinas demoledoras y grúas. Uno de los empleados no es tal, sino una chica travestida en mozo para tratar de seducir al otro por estar enamorada de él, quien nada sospecha de la real identidad de su compañero, mientras le refiere  su pasión, por cierta prostituta del burdel local. Su historia será el descubrimiento del amor juvenil, fresco, rutilante, imprevisto, mágico, en medio de una labor rutinaria. Paralelamente, dos viejos gatos de la casa (humanizados en sus trajes y comportamientos) van evocando el pasado oscuro de la familia propietaria entre la nostalgia de la gata y las humillaciones recibidas por el gato, que vive su ancianidad entre la lectura de Marco Aurelio, la escucha de Mozart y los intentos infructuosos de cazar al único ratón que queda dentro del inmueble. La visita de un elegante gato de ciudad, que intenta seducir a la hembra, con otra posible vida más confortable en la gran urbe, introduce el elemento de los celos, el horizonte de emprender una nueva vida. No es ni una fábula ni un apólogo. Es el diálogo de dos seres que conviven y expresan sentimientos en torno a su propia biografía gatuna. Las dos tramas se suceden de forma alternante, sin coincidir más que en el espacio, desarrollando sentimientos comunes tanto en el ser humano como, supuestamente, en el animal. La obra es como esas tartas de dos sabores que nos permiten degustar ambos en corte vertical e inseparable. Este nuevo título de Alonso de Santos (así lo comenté con él al final del estreno), es una recuperación del "teatro de sentimientos" humanos auténticos y profundos, un teatro donde la palabra, sin alejarse del diálogo cotidiano, impregna de poesía y humor la actividad día y noche, del mismo modo que la savia nutre al bosque vecino.


Lo dicho hasta aquí viene arropado en una preciosa escenografía de Llorenç Corbella, digna de una obra de Chejov, un escenógrafo que se estrenó en Madrid con Pérez de la Fuente, en La visita de la vieja dama, de Dürrenmatt, en el María Guerrero. Del reparto, sus cinco actores están soberbios en los diversos papeles: Luisa Martín con una gestualidad discretamente felina (ella, que supo encarnar maravillosamente a un mono en El show de Kafka, monólogo dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente); Manuel Galiana en su papel de achacoso y maniático roedor, Pedro Miguel Martínez como ratón medio dandy medio gentleman casi cursi, en una interpretación genial; Mariano Estudillo en su papel de "currante" de mudanzas da sencillez y rotundidad a su personaje de Cara Triste. Y dejo para el final a Marta Guerras, que desde su primera aparición llena el escenario con su gracia, su capacidad circense, su talento y su belleza. Desclumbra como Cara de Ángel. La joven actriz se licenció con Matrícula de Honor en la RESAD y aquí sobre el escenario. "Amor y Humor son los dos pilares de nuestra obra, dentro de un clima de fantasía y sensibilidad en esa dimensión poética de la realidad que nos muestra las razones del corazón que son nuestros sentimientos." Así resume José Luis Alonso de Santos, autor y director de la obra, que ha conseguido en este nuevo montaje trasladar la metáfora textual a la metáfora visual. Estas palabras definen un espectáculo hermoso, pleno de ilusión y, a la vez, de nostalgias. Los amantes del teatro, del buen teatro, disfrutarán de esta tarta de fresa y nata.

sábado, 27 de febrero de 2016

SÓCRATES FRENTE A GALILEO

Como en un episodio de la popular serie televisiva El Ministerio del tiempo, han coincidido en Madrid el filósofo griego Sócrates y el científico Galileo Galilei. Ha sucedido gracias al único arte capaz de hacer revivir en cuerpo y alma a los personajes de la antigüedad: el teatro. Febrerillo el loco nos obsequia este regalo. Se puede asistir al conflicto del intelectual con los poderes de su tiempo en dos momentos distintos. Del siglo V a. de C. al  XVII de la Edad Moderna, a una distancia de sólo cuatro estaciones (La Latina-Legazpi) de la misma línea 3 del Metro, donde se encuentran dos espacios de titularidad pública que mantienen una alta calidad dramática. Sócrates toma cuerpo y voz gracias a un texto teatral nuevo que firman Mario Gas y Alberto Iglesias (director escénico y actor, ambos de probada solvencia), Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano. Sus funciones se han desarrollado en la Sala Fernando Arrabal de Matadero. Y Galileo Galilei, en la celebérrima obra Vida de Galileo, de Bertolt Brecht, en el Teatro Valle-Inclán. Dos obras que conforman un juego de espejos en paralelo, un contrapunto valioso, casi un díptico unido por las bisagras de la Historia. El filósofo griego dio un vuelco total al pensamiento de su tiempo: el objeto de reflexión en adelante ya no sería el mundo exterior sino el hombre interior. El físico renacentista dio un giro copernicano (nunca mejor dicho), esta vez en la experiencia física: no es el sol quien da vueltas alrededor de la Tierra sino al contrario. Sócrates no escribió ni una línea. Galileo legó a la posteridad al menos diez obras de diferente extensión. Épocas lejanas en el tiempo (la Grecia clásica y el Renacimiento italiano) pero coincidentes en el esplendor de sus culturas. Grecia "democrática" según el concepto del término entonces. Italia de pensamiento único en cuestiones de fe (aunque admirasen a los griegos). En el fondo, ni los dioses ni Dios podían ser discutidos. El poder político y el poder religioso aplastaban al crítico, especialmente cuando el peso moral de la religión ha castigado las espaldas de los hombres. Uno se mantuvo firme hasta el final (Sócrates). El otro claudicó, aparentemente, de sus investigaciones (Galileo). No es fácil juzgar hoy día quién acertó más, de los dos, ante los tribunales. Sócrates pasó a ser el símbolo de la victoria al aceptar que la democracia, en la que él creía, precisaba acatar la sentencia de su propia muerte. Posiblemente, también Galileo acertó al ganar tiempo para seguir y salvaguardar sus estudios. No podemos juzgar a ninguno a tan larga distancia temporal. Pero los dos son símbolos del choque que se produce entre el individuo y los poderes contemporáneos cuando se quiere difundir y sostener la coherencia, la ética personal. Ambos juicios carecieron de un miembro del jurado (como en Doce hombres sin piedad, de Reginald Rose), que los convenciera para cambiar su veredicto. Sucedió en los dos personajes del pasado y sigue aconteciendo en nuestros días, cuando "democracia" y "conocimiento" parecen etiquetas adhesivas, mantras reiterados, palabras vacías de puro desgastadas.
  El filósofo griego aparece muy bien reflejado en la obra de Mario Gas y Alberto Iglesias (por cierto, ya editada) con el conformismo de quien cree no saber nada pero sí la habilidad de plantear preguntas. El método "mayéutico", aprendido de su madre, de profesión comadrona según se cuenta, ayuda a dar a luz al interlocutor no sin incomodidad por parte de este. La coherencia del filósofo, el desprendimiento de bienes temporales, el afecto por los demás, el sentido de una justicia justa... son tan naturales como el nacimiento de un bebé. Suenan ecos de los diálogos de Platón, actitudes brechtianas pero también, al menos para mí, momentos shakespeareanos. 

   En espacio austero, casi vacío, la mirada se va al pequeño graderío del fondo. Un vestuario simple en tonos blanco y beige, una iluminación equilibrada, acompañan a un reparto bien conjuntado, con José Mª Pou enorme actor (no sólo en lo físico) dando vida y matices a cada frase de Sócrates y una Amparo Pamplona que alegra ver como Jantipa muy versátil y convincente. Sería deseable que este espectáculo siga recogiendo los aplausos que comenzó a recibir en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, han agotado entradas en Matadero de Madrid y merece continuar provocándolos.
   Allá por 2013, José Mª Pou saltó a la prensa cuando interrumpió la escena cumbre de una obra que interpretaba en el Teatro Calderón de Valladolid, al escuchar por enésima vez los teléfonos móviles de espectadores desconsiderados que no los habían apagado, a pesar de la advertencia escuchada antes de la función. Yo aplaudí ese valiente proceder y nada me saca más de quicio que escuchar un móvil en un teatro. Falta de educación y de respeto a todos los presentes. Durante los primeros minutos de Sócrates, el actor se dirigió al público de la sala para rogar que se abstuviera de móvil, de ruidos, de toses, porque eso descentra a los actores. Yo pensé que era una improvisación. Pero después Mario Gas y Pou me confirmaron que está a propósito en el texto y aparece en la edición. Buena idea. Se olvidaron añadir el ruidito del papel envolvente de los caramelos.

jueves, 25 de febrero de 2016

ANGEL CAÍDO

Dominique Strauss-Kahn fue Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, cargo con honores de Jefe de Estado, que desempeñó entre 2007, en sustitución del político español Rodrigo Rato, hasta 2011, año en que presentó su dimisión, tras ser acusado de ataque sexual por parte de una empleada (inmigrante guineana) del hotel. Tras numerosas vicisitudes, el asunto se saldó con un acuerdo económico entre él y la camarera. El político socialista vio truncada su boyante carrera a la presidencia de la república francesa cuya nominación, por parte del partido, recayó en Ségolène Royal. El escándalo adquirió dimensiones internacionales y ocupó durante meses las primeras páginas de los diarios informativos. Su trascendencia pasó a algunas obras literarias, como L'Enculé (2011), de Marc-Édouard Nabe y Karnaval (2012), del español Juan Francisco Ferré.

  En Frinje, Festival de las Artes Escénicas, Juan Carlos Pérez de la Fuente vio las posibilidades del taller escénico que presentaban Antonio Rojano (responsable de la dramaturgia) y Víctor Velasco (director del espectáculo), sobre un fragmento de la novela Karnaval, antes citada. De aquí nació el espectáculo completo que se puede ver estrenado en la CINETECA de las Naves del Matadero, con el nombre de Dios K. El escenario casi vacío se va poblando de efectos visuales y auditivos muy eficaces. La acción dramática, llena de tensión, se ve subrayada o contrapuesta por el marco escenográfico adecuado al espacio íntimo de la Cineteca, donde la cercanía con los intérpretes supone un valor añadido. “Somos el único teatro público de España que tiene cinco salas simultáneas en funcionamiento, y sin gastar más dinero”, declaraba justamente orgulloso Juan Carlos Pérez de la Fuente.
  El texto de la obra teatral esta desarrollado por dos actores: Alberto Jiménez, que encarna a Dios K, trasunto de Strauss-Kahn, y Mona Martínez, que da el contrapunto en diversos papeles (prostituta, militante de ONG, empleada de aeropuerto, inspectora de policía, etc.). Los dos llevan a cabo ese "paso a dos", desarrollando un texto fuera de la anécdota concreta y turbia para desentrañar los resortes, mecanismos, orígenes y consecuencias de eso que se ha venido en llamar "erótica del poder". Ni la lujuria ni la avaricia son la fuente última de dichos comportamientos, sino la soberbia inherente al ser humano. El poder político y/o económico serán, en todo caso, las circunstancias que  permiten desplegar impunemente (si eso es posible) sus acciones. Los ciudadanos pasan a ser vasallos útiles para volcar complejos o enmascarar deficiencias, ese abismo que todos pretendemos ocultar. Las corbatas de Hermés y los trajes de Armani devienen meras mortajas cuando salta el escándalo.

  La obra ofrece una reflexión sobre el poderío ejercido con los guantes de seda que ocultan complejos, ambiciones y angustias del ser humano cuando accede a la cima. Por tanto, supera la anécdota y se convierte en drama universal y actual, teoría actualizada de un maquiavelismo contemporáneo, cuyos sujetos pasivos somos los votantes sin saber del todo a quiénes empoderamos. Más actualidad española, imposible. En el caso concreto del Fondo Monetario Internacional, pone los pelos de punta recordar que Dominique Strauss-Kahn accedió a su dirección tras dimitir de él Rodrigo Rato, con el cual mantiene tan desdichados paralelismos judiciales. El título de la obra nos remite al dios K, suprema y todopoderosa divinidad de la mitología maya. Voluntaria o no la coincidencia, nosotros contemplamos más bien el mito de Ícaro porque en ambos ex-directivos tiene la actualidad del dicho latino: "Sic transit gloria mundi".

domingo, 21 de febrero de 2016

ARTE NUEVO

Se conoce con tal nombre a un movimiento teatral aparecido en España a mediados de los cuarenta del siglo XX. En él figuraron: José Gordon, Alfonso Sastre, Carlos José Costas, José Franco, Alfonso Paso, Medardo Fraile... para rechazar el drama burgués, el melodrama postbenaventino, las barbaridades del "astracán", las supervivencias del teatro versificado, etc. Buscaban un teatro de mayor exigencia intelectual, casi filosófico, alegórico, sugerente, pero sin abandonar el lenguaje asequible, siguiendo (y algunas veces, adelantando) al teatro que se estrenaba, por aquel entonces, en Europa. También el género narrativo experimentaba bajo la etiqueta de "escuela metafísica" (Carlos Rojas, Andrés Bosch, Manuel García Viñó...) los postuados del "nouveau roman"  más al norte de los Pirineos.


El Teatro Español de Madrid ha programado dos piezas representativas de aquel movimiento, en su clara apuesta por los autores españoles a quienes viene acogiendo en todos sus escenarios, ya estén en la Plaza de Santa Ana o en las instalaciones de Matadero. Cargamento de sueños, de Alfonso Sastre es un texto tan vanguardista que, incluso, se adelanta al celebérrimo Esperando a Godot, de Samuel Beckett, quizá más concreto aún en sus nombres de personajes de Jeschoua y Man o en el cartel indicativo de ETERNIDAD. El hermano, quiero recordar que insólita pieza escénica del que fue notabilísimo narrador, desarrolla una breve historia familiar en el ambiente costumbrista madrileño de los años cuarenta. Los sentimientos encontrados de Pedro hacia Lucía, su hermana, quedan sugeridos en pinceladas hasta un final ambiguo y doloroso. Un detalle incorporado por Garci: la radio de la vivienda, en un momento determinado en que el padre la sintoniza, pone en boca del locutor: "Estamos transmitiendo, desde el Teatro Español de Madrid, la comedia Celos del aire, de José López Rubio." Un detalle que me sorprendió, conmovió y agradecí después, en los camerinos, a José Luis.


José Luis Garci dirige este binomio, también de modo excepcional, pues es sabido que su ámbito más celebrado ha sido el cine, en el cual ha adaptado varias obras literarias españolas. La obra de Sastre y la de Fraile conforman un díptico en el que se perciben sus amores por el cine americano y por las letras españolas. Las escenografías, la iluminación y hasta la dirección de actores nos remiten a sus obras más conocidas. Los cinco actores resuelven muy bien sus papeles, aunque yo destacaría al versátil Gary Piquer, la profesionalidad de Ana Carlota Fernández y el magnetismo de Miguel Ángel Muñoz, actor que desgraciadamente se prodiga en los escenarios menos de lo deseable.
Antes de levantarse el telón (Garci mantiene este uso tradicional que se está perdiendo últimamente), se escucha un mensaje grabado de Alfonso Sastre donde da cuenta de lo que fue ARTE NUEVO y de lo que es el Teatro Español, en la actualidad, bajo la experta batuta de Juan Carlos Pérez de la Fuente.
La noche del estreno, el patio de butacas estaba lleno de gentes del cine, como es natural. Grandes aplausos y ovaciones cerraron una noche de éxito del que todos los amantes del buen teatro debemos felicitarnos. La política queda obscena en su sentido etimológico: "fuera de la escena". Yo diría que "fuera del teatro". Justo donde debe estar.

jueves, 17 de diciembre de 2015

NAVIDAD SIN FRONTERAS



“Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.” (Lucas, 2, 1-8)





La secuencia de lugares mencionados resulta sugerente. El relato empieza hablando de "el mundo entero", luego de Siria, después de Galilea y Nazaret, de Judea y Belén y, finalmente, de la posada y del pesebre. Así, con movimiento de cámara de video, la narración se fija progresivamente en un único punto: desde las lejanas fronteras del universo hasta el pesebre de Belén. 
La intención es fácil de entender. Porque entre los nombres de lugares, los hay relacionados con personas. César Augusto y "el mundo entero"...; Cirino y Siria; Belén y David. Finalmente, Jesús y el pesebre. Por lo tanto, el autor hace desfilar sucesivamente ante nosotros a las diversas autoridades reconocidas por los hombres, con la indicación del campo de su poder, hasta conducirnos a aquel que posee la verdadera autoridad, el único verdadero poder: no ya César, reinando sobre toda la tierra, ni Cirino, gobernador de Siria, ni siquiera David en su ciudad de Belén, sino Jesús en su pesebre, aquel a quien hay que llamar Mesías-Señor.
En los evangelios de Mateo y de Lucas se mencionan los dos viajes de Jesús, uno poco antes de nacer (el del parto de María en Belén por el viaje de ella embarazada con su esposo, que acabamos de leer) y el de la escapada a Egipto huyendo de la persecución de Herodes, en Mateo. La familia de Jesús cumple una obligación: la de empadronarse. Aunque eso lleve consigo la incomodidad de un albergue paupérrimo. Pronto, esa familia tendrá que huir perseguida por los poderes del gobierno para salvar su vida, por motivos políticos. Serán refugiados. La fidelidad al propio destino trae consecuencias negativas y hasta peligrosas. El designio de Dios se cumple en el nacimiento de un hombre. Pero de un hombre muy pobre, un niño que tendrá que ser exiliado en otro país nada más nacer. Parece que Dios escribe con renglones más torcidos de lo que imaginaban quienes esperaron un mesías caudillo, coronado de oro y vestido de terciopelo. Ninguno de los dos autores pretende escribir una crónica, una biografía de Jesús. Escriben catequesis para presentar a Jesús como el Mesías de la estirpe de David, oriunda de Belén,  o bien perseguido por Herodes como lo fue Moisés por el faraón, apareciendo Jesús de este modo como el Mesías que guiará a su pueblo a la salvación, a una nueva tierra prometida desde su propio desvalimiento. Por tanto, no podemos leer el evangelio como si fuera la biografía del Cid Campeador. La intención pedagógica del evangelio precisa leerse a la luz de la fe, a la luz de los acontecimientos de nuestra propia vida. Y a la luz de la fe se nos muestra al Mesías como alguien indefenso y fugitivo ante el poder. Este niño nos suscita benevolencia y compasión. Desde el primer momento, Jesús hace visible la proximidad de la presencia de Dios. Y esto, en el Año Santo del Jubileo de la Misericordia, es un reto tal como el Papa ha señalado repetidamente. La raíz del olvido de la misericordia está en la omnipresencia del propio egoísmo, un cáncer que expande sus metástasis cuando nos olvidamos del mensaje de Jesús. Y el egoísmo conduce al miedo al otro, a levantar fronteras: administrativas, económicas, familiares, laborales, raciales, religiosas, sexuales. Alambradas de pinchos para seguir enquistados en nuestro propio yo.
Celebremos, pues, una Navidad sin aduanas de egoísmo: que las familias distanciadas se acerquen, que los pobres reciban nuestro apoyo y nuestra ayuda, que los marginados sean aceptados como hermanos nuestros, que ningún refugiado se vea atrapado en las fronteras, que ni un cadáver más flote en ese cementerio del mar. La celebración de la Misericordia necesita la gasolina del Amor, del perdón, de la reconciliación. Destruyamos los muros de nuestros miedos y nuestros egoísmos comenzando por nuestro particular entorno. El Mesías está más cerca de nosotros de lo que parece, tras los alambres de nuestra autodefensa. Os deseo a todos una Navidad plena de amor sin fronteras.